martes, mayo 20, 2008

23 (primera parte)



Escribirle un poema a una poeta
plantea de entrada muchas metáforas:
es como
atarle un moño al gato(por aquello de la elegancia);
como regalarle silbatos a los pájaros mañaneros
o como ponerle un punto más a los tres que van después del etcétera
pero lo voy a hacer
porque un regalo de aniversario (ups, un mes después)
exime de errores y hasta de vergüenzas.
En un año mis cinco sentidos
se agudizaron hasta hacerme al mismo tiempo
ciego sordo manco sin boca ni nariz
porque con cada sentido que pierdo
el otro se envalentona con tu presencia:
en las mañanas el sol lastima mis ojos
pero puedo oler la piel y el desayuno.
Cuando salgo a la calle el smog se roba mi nariz
y entonces te escucho fuerte y claro
con tu voz de finas cuerdas me repites que me quieres
El ruido de la oficina me distrae
pero te veo en cada parpadeo
y te acompaño en tu rutina diaria
Después de la comida la nostalgia de ti me quita el gusto
pero si intento el ejercicio
de acariciar el aire, de recortarle la forma de tu cintura-batidora
saboreo el resto de la tarde
Y por la noche el cansancio secuestra mi tacto y lo pierdo contigo
y no me reconozco. Sólo tu sabor a melón y chispas de café me regresa al mundo.
A nuestro mundo.
De dos habitantes y dos corazones.
El más apacible de la galaxia ciento once, que emana amor veinte cuadras a la redonda.

sábado, mayo 17, 2008

Dos

Hoy diecisiete de mayo este blog cumple dosos.














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miércoles, mayo 14, 2008

Tragedia 2

Él le llevaba más de quince años, era buen esposo pero de costumbres sedentarias. Ella siempre fue una romántica, resultado de ver películas románticas durante treinta años. Cuando la vejez tocó a sus puertas, él se vio invadido de sobrepeso y alta presión. Y ella de un sentimiento proclive a la catástrofe: cuando se acostaba esperando lo peor, amanecía sin ninguna novedad.

Sin embargo, la salud de él se deterioró, y ella se imaginaba vestida de negro, sola en medio de su casa. En un arranque de romanticismo, comenzó a comprar globos en una tienda de fiestas y regalos. Cada mañana le ordenaba a su marido inflar cada globo con su aliento, para conservar algún rastro de su alma. Él obedecía, dócil. Meses pasaron y ella había llenado dos habitaciones con globos a medio inflar, y había entablado amistad con un payaso que se surtía en la misma tienda.

Las corazonadas de ella se intensificaron, por lo que al ritual matutino se añadió tomar una fotografía del amado. Más habitaciones olieron a hule y se llenaron álbumes completos con la historia gráfica de cómo un hombre envejecía.

Una mañana de negros nubarrones, la casa estaba demasiado oscura. Para la rutinaria fotografía, ella tuvo que utilizar un intenso flash, pero el golpe de luz tomó desprevenido al marido mientras intentaba inflar su globo diario, y la sorpresa lo hizo tragárselo completo. Murió asfixiado.

Algún tiempo después del funeral, que fue justo como ella se lo había imaginado, el payaso le manifestó su interés por ser algo más que amigochos (así hablaba). Ella se mostró reacia en un principio pero la insistencia del bufón dio frutos. Casáronse en segundas nupcias y tuvieron un matrimonio tormentoso, porque él detestaba las películas románticas, y ella odiaba que él llevara trabajo a casa: inflar globos y tomarse fotos con niños regordetes.

viernes, mayo 09, 2008

Travesías



Compren y lean el número 75 de la revista Travesías. Hay una nota por ahí sobre un edificio colombiano en México que para qué les cuento.

viernes, mayo 02, 2008

Día del niño en un centro comercial

Conversación escuchada en las escaleras eléctricas de un conocido centro comercial:

PAPÁ: Hijo, ya deberías ir escogiendo otras cosas. Música, ropa...

HIJO: (...)

MAMÁ: Sí, ya estás creciendo más.

HIJO: (...)

PAPÁ: Ya no deberías pedirnos solamente juguetes. Al rato ya no vas a querer jugar con ellos.

HIJO: (...)

MAMÁ: Y luego ¿qué hacemos con tanto juguete?

PAPÁ: Ya estás creciendo más...

HIJO: (...)


No soy papá pero me parece que estos papás tienen muy pocos escrúpulos. Es el día del niño, no el día del hijo-que-ya-creció. Y si quiere un maldito juguete, pues cómprenle el maldito juguete. A poco el día del padre el hijo le dirá:

"Oye ya estás bien ruco. Te iba a comprar los zapatos/corbata/camisa del América que querías pero como ya mero te mueres, ¿por qué no pides la funeraria en la que quieres que te velemos?"

O a la mamá, en su día que es ya mero:

"Mamá ya creciste, hasta de más. Mira qué gorda. Te iba a comprar flores/perfume/ropa/joyas pero mejor te doy este pase anual para el gimnasio para que bajes esos kilotes de más. ¡Felicidades!"

miércoles, abril 23, 2008

Divertido juego

No me había dado cuenta de este parecido. Amiguito: encuentra las diferencias (si puedes)