miércoles, abril 02, 2008

Encuentros

Voy a opinar, un poco tarde y lo sé, sobre un artículo de Verónica Murguía publicado en febrero pasado.

El artículo concluye con una leve contradicción entre las formas de ver el mundo entre las mitologías azteca y la china, particularmente el feng shui.

Según mi punto de vista, y también sé que ese no era el punto de Verónica, no se pueden comparar las tradiciones con esa vara. En ese caso, habría una incomprensión total entre egipcios e inuits; tzotziles y guaraníes; incas y musulmanes...

Vero está midiendo metros con una báscula.

El hombre percibe su entorno a través de sus sentidos y se desarrolla a partir del contexto. Lo básico termina siendo el maravilloso pócar de elementos: agua, tierra, fuego, aire. Cada pueblo jugará con ellos según el tiempo y el espacio en los que se encuentre.

Claro que un encuentro entre culturas siempre es asombroso. Baste mencionar dos continentes para recordar cualquier número de anécdotas históricas. Europa y África, América y Asia, Oceanía y...bueno, la idea es esa.

El punto es que para ilustrar un grato encuentro entre culturas, presento unas cuantas fotos que encontré por ahí. Son de Paulina Lavista, viuda por cierto de Salvador Elizondo.

No subo más fotos porque luego me reclaman que ya casi no escribo. Ya no pondré un minifeed celebrando mis 4 mil visitas...





2 comentarios:

Ikarus dijo...

Ay ardor, ya me volviste a dar!
Seguiré tu ejemplo y me actualizaré cuando CARE Travel renazca.

hablar para no callar... dijo...

A mí estas fotos siempre me provocan un choque, primero el extrañamiento ante Teotihuacán (por el entierro que le hemos dado a ese pasado y porque no parecemos provenir de allí dada nuestra pequeñez como civilización actual) y luego la desfamiliarización ante los asiáticos. Por supuesto, es un choque asombroso, lleno de misterio y maravilla. Y con un poco de reflexión hasta nos vemos parecidos a Oriente en cosmovisión y rasgos físicos.
Para mí estos cuadros unen a través del choque. La ruptura temporal resulta idílica y los personajazos parecen superhombres o entes sin tiempo.