lunes, octubre 15, 2007

Juguemos con la retórica

Las figuras retóricas son esto. Ayudan a hacer maleable el lenguaje. Es una materia casi obligatoria para todo aquel que desee ser escritor.

Para quien sepa del tema, lanzo al aire (o al espacio o a como se le llame a este lugar de ideas llamado Internet) una duda. Ha rascado mi cabeza por unos cuantos días y no encuentro solución. Hela aquí:

¡Huele a mole!

Es una frase que se dice cuando se atestigua una franca relación de pareja en la que la situación refleja una ceremonia de matrimonio inevitable. Sin embargo, quien la expresa no se refiere a la ceremonia en sí, ni al amor que se profesa la pareja referida. No: se refiere a la fiesta, y particularmente a lo que se sirve de comer en ella.

Identifico dos figuras: la metonimia, por lo que acabo de explicar tan claramente, y la elipsis, porque quien expresa la frase suprime todo el trámite que implica un casamiento -quizás sólo fue un beso, una mirada, un diálogo entre la pareja, pero el discurso ya se fue lejos, lejos y se quiere poner a bailar las cumbias de la fiesta.

Mi duda es la siguiente: si hay tal expresión para una relación en un estado de florecimiento y alegría, ¿existirá alguna frase que exprese con igual contundencia una relación en el estado contrario?

Algo así como "huele a abogados" o "sabe a custodia"....no sé. Quizás sólo se aplique a situaciones positivas...En todo caso, esa es mi duda. Se aceptan propuestas.

2 comentarios:

Maria Luna dijo...

a estas alturas de la vida, "huele a mole" no es metonimia, sino ironía

Lucía de blanco dijo...

No sé si "esto me huele mal" podría anticipar un divorcio o "aquí hay gato encerrado" porque son frases muy generales. Referentes a una separación pero sin la alusión a los sentidos está este refrán: "el amor entra con cantos y sale con llantos". Atendiendo a tu sentencia, "huele a mole", confieso que nunca lo había escuchado y la verdad le atrribuyo un doble sentido, el mole como sangre; es decir, como moquetones,así que quizá se podría usar también como anticipación a un divorcio. Me acordé también del dicho que dice que el amor entra por la cocina o por el estómago.