miércoles, mayo 31, 2006

Salimos en la noche. Casi nunca salimos en la noche. Ella me manda a la cama después de Bob Esponja y se queda viendo las noticias.
Pero anoche prendió la luz. Yo todavía no estaba dormido pero le reclamé como si sí. Ella no me hizo mucho caso, tenía la cara que pone cada vez que viene la señora de la renta. Me dijo que me vistiera y que me lavara los dientes. Rápido. Cuando fui al baño vi la tele prendida. Estaban pasando la foto de mi papá. “¡Papi, papi!”, le grité. Ella corrió a apagarle. Yo no entendí por qué se enojó conmigo, y que me mirara como cuando le pinté sus billetes de cien de color verde para que parecieran de doscientos. Me jaló al lavabo y ella misma me lavó los dientes. Como estaba tan enojada me dio miedo quejarme, pero me sacó sangre de la boca y cuando escupí la pasta rosa en vez de blanca, ella me abrazó y me pidió perdón. Creo que se asustó con la sangre. A mi ya no me asusta, me sale a cada rato por la nariz y ya sé que hay que ponerme una servilleta mojada en la frente y que debo mirar hacia arriba y en un ratito me deja de salir. Ella ya había hecho una maletota que sólo usamos cuando fuimos a ver a mi abuelita a Veracruz. Le pregunté si la íbamos a ir a ver, pero no me contestó, se movía como cuando te dan ganas de ir al baño. Cerró con llave y puso un candado que yo nunca había visto. Me tomó de la mano y caminamos rápido hasta la calle grande. No me gustaba caminar tan rápido, quería ver nuestras sombras largas y conocer por fin al señor que anunciaba los tamales oaxaqueños. Pero ella no quiso, y me apretó la mano cuando escuchamos pasos detrás de nosotros. “No voltees” me dijo. Yo volteé. Era él, mi papi. “Papi, papi” le volví a gritar. Ella se detuvo y me cargó. Se miraron como yo miro al que me pega del salón. Ella sacó una pistola como la que no me quiso comprar en el mercado. “No des un paso más”, le dijo. Él lo dio. Ella con una mano me tapó la cara y con la otra no sé qué hizo pero después ví que se la lavaba con mucho jabón. Mi papi se había dormido y le empezó salir sangre. Ya estaba volteando para arriba, sólo faltaba ponerle un pañuelo mojado. Hoy volvió a salir en la tele. Le pusieron un pañuelote enorme, que le cubría todo el cuerpo. Ella está tranquila. Tiene la cara que puso cuando le enseñé mi primer diez.

2 comentarios:

Chica del cuento dijo...

El talento joven de México está representado aquí y no es porque sea mi amigo.

Me parece un estilo muy limpio con una narrativa excelente..

Brenda.

Maria Luna dijo...

he estado leyendo tu blog en retrospectiva... realmente escribes muy bien...

pero...

tienes errorcitos, de sintaxis, o cositas, minucias en realidad...

jeje...
así soy yo