viernes, octubre 31, 2008

El Zoológico Porno

(Ejercicio 2, III)

Le cuento mis sueños y mis deseos. El psicólogo me ve con recelo. Uno, seis, diez minutos en completo silencio. Siento que quiere decirme un secreto, pero no se decide. Por fin, lo dice.

Me describe un centro de experimentos, no lejos del consultorio. Restringido, exclusivo. Él es miembro. Con un pliego de instrucciones dejo el edificio, de noche.

Me emociono. Troto, corro. Veo el punto preciso donde he de cumplir lo convenido en el pliego. Un sereno me inquiere. Yo contesto todo. Consigo el ingreso.

Un sendero oscuro. Lo recorro prudente y nervioso. Escucho sonidos huecos, roncos. Todo es lóbrego y sin luz.

Metro con metro los sonidos se robustecen. Primero suspiros, y luego rugidos. Rugidos de dolor, trémulos. Fuerzo mis ojos y percibo contornos, pelos. Siento convulsiones de miedo: los seres son libres, y huelen mi miedo.

Recibo olisqueos y succiones en todo mi cuerpo. Pierdo el miedo. Me excito. Me involucro.

Beso, estiro, toco, gemimos, tiento, chupo, grito, mordemos, tiemblo, empujo, mimo, rozo, penetro…

Por todos los pelos en mi rostro, toso. Un león confunde mi tos por un rugido y responde. El oso disiente, y muerde. Todo se vuelve violento. Yo, en medio del enredo, pierdo el pellejo…y el vigor.

Entre los dientes distingo un foco rojo. Un dispositivo nos ve. Nos oye. Nos retiene. Y entre gruñidos escucho el murmullo divertido de mi doctor, quien junto con otros cien concurrentes desde un vidrio me ve. Todos llenos de regocijo, de gozo.

Cometa

Ya salió desde el mes pasado el número 11 de la revista Cometa.

En medio hay un cuento que me salió buenísimo, con ilustraciones asombrosas; se trata de dos hermanos y un viaje en el tiempo.

Queda hecha la recomendación de ir al Sanborns y comprarla. Está en la sección de (revistas de) videojuegos. Gracias.