lunes, octubre 27, 2008

Ejercicio 2 (II)

Vienen de Júpiter


“Júpiter tendrá una pareja de descendientes miles de lunas después” dictaba la hechicera. “En un lugar allende el mar, de culturas perdidas de pirámides y serpientes. Minerva nunca aceptará su maternidad, aunque la similitud será innegable… La descendencia sabrá de su padre, a pesar de apellidarse Gutiérrez.”

“Respetad nuestra sangre” será siempre la misma cantaleta de Venus y Marte Gutiérrez, “descendientes de Júpiter”.

“Desde la primaria presumirán su sangre azul, ya frente la institutriz, ya en las gradas de alguna pista. Venus crecerá agraciada; Marte será una desgracia antiestética.

“Venus tendrá centenares de pretendientes, que buscarán a sus padres para una fe de nupcias, mas ella nunca será capaz de citar a Júpiter, siempre en tareas más abstractas. Así que ella será célibe hasta el fin de su vida.

“Marte sacará utilidad de su ascendencia y será un as de la guerra: buen atleta, excelente militar, sublime litigante…sin mujer.

“La ausencia de ternura dejará heridas intensas en Venus y Marte. Venus, desesperada, se cercenará las extremidades y su padre la castigará: será piedra para siempre, musa de artistas que habrán de existir en miles y miles de lunas.

“Y Marte culpará su fealdad en el desinterés de sus padres, así que asesinará a cualquier padre que vea frente a sí, hasta que Júpiter haya de intervenir: perecerá en la vanguardia de un ataque en Irak.

“Así”, platicaba la hechicera, “Júpiter perderá cualquier esperanza en la humanidad, y finalmente le cederá la libertad. Íntegra, universal”

Y la hechicera callaba, mas iniciaba nuevamente su leyenda futura mientras llegaba más y más gente a escuchar. Gente que se aliviaba de saber que algún día una parte de sí sería finalmente libre. Y la hechicera sutilmente pasaba una talega, que se llenaba de metal en un santiamén.