miércoles, mayo 14, 2008

Tragedia 2

Él le llevaba más de quince años, era buen esposo pero de costumbres sedentarias. Ella siempre fue una romántica, resultado de ver películas románticas durante treinta años. Cuando la vejez tocó a sus puertas, él se vio invadido de sobrepeso y alta presión. Y ella de un sentimiento proclive a la catástrofe: cuando se acostaba esperando lo peor, amanecía sin ninguna novedad.

Sin embargo, la salud de él se deterioró, y ella se imaginaba vestida de negro, sola en medio de su casa. En un arranque de romanticismo, comenzó a comprar globos en una tienda de fiestas y regalos. Cada mañana le ordenaba a su marido inflar cada globo con su aliento, para conservar algún rastro de su alma. Él obedecía, dócil. Meses pasaron y ella había llenado dos habitaciones con globos a medio inflar, y había entablado amistad con un payaso que se surtía en la misma tienda.

Las corazonadas de ella se intensificaron, por lo que al ritual matutino se añadió tomar una fotografía del amado. Más habitaciones olieron a hule y se llenaron álbumes completos con la historia gráfica de cómo un hombre envejecía.

Una mañana de negros nubarrones, la casa estaba demasiado oscura. Para la rutinaria fotografía, ella tuvo que utilizar un intenso flash, pero el golpe de luz tomó desprevenido al marido mientras intentaba inflar su globo diario, y la sorpresa lo hizo tragárselo completo. Murió asfixiado.

Algún tiempo después del funeral, que fue justo como ella se lo había imaginado, el payaso le manifestó su interés por ser algo más que amigochos (así hablaba). Ella se mostró reacia en un principio pero la insistencia del bufón dio frutos. Casáronse en segundas nupcias y tuvieron un matrimonio tormentoso, porque él detestaba las películas románticas, y ella odiaba que él llevara trabajo a casa: inflar globos y tomarse fotos con niños regordetes.