lunes, enero 28, 2008

Bueno pues días después de la polvareda, voy a escribir sobre el ventarrón del miércoles pasado.





Pues no se me ocurre nada. Lo que sí es que será un día para recordar. Mejor prefiero recomendar posts ajenos que relatan su propia experiencia:

- LUCIA, mi novia, la aprovechó para ponerse filosófica.
- ANDREI, mi colega, la aprovechó para mirarse a sí mismo e inspirarse.
- MEMO VEGA, mi maestro, se nos puso poético.
- MARIA LUNA, mi amiga, nos comparte sus gustos.
- Y GINA HALLIWELL, otra colega, nos lo platica con humor.

Y también aprovecho para compartirles fotos de hace unos días cuando me robé a mi cascabelera novia para llevármela a ver a la mariposa monarca.
En el camino vimos una especie de segundo sol. Y el mañana hizo un frío desgraciado. ¿Habrá tenido que ver con la ventisca del 23?



martes, enero 22, 2008

Leí en la columna de Verónica Murguía una idea fabulosa y a la vez peligrosa: convencer a Carlos Slim de regalar a cada mexicano un millón de pesos.

Evidentemente Slim quedaría debiendo porque si hacemos el ejercicio de multiplicación la cuenta quedaría en billones de dólares, cantidad que Slim (todavía) no tiene.

Sin embargo, mi imaginación no pudo dejar de trabajar con ese sueldo imaginario, por lo que se me ocurrieron algunas situaciones si eso llegase a pasar:

- La inflación llegaría a puntos estratosféricos, tragicómicos: la tortilla en diez pesos, la gasolina subiendo cada mes, el dólar cada vez más caro…(! )

- Nos pondríamos a hacer una celebración que durara un año completo, con su inseparable resaca de 365 días de duración.

- Todo mundo querría ser mexicano. En las amables oficinas de Migración a los extranjeros que completaran el trámite se les otorgaría, junto con su credencial para votar (¿por Carlos Slim?), se les entregaría su correspondiente chequezote por un millón de pesos. El problema sería su deuda con los polleros, quienes cobrarían veinte millones.

- Una posibilidad más es que con el millón de pesos los ciento diez millones de mexicanos agarraran sus cosas y se fueran del país. Slim apañaría todos los terrenos y por fin haría realidad su slogan: Todo México es territorio Carlos Slim. (O de perdida le cambiaría el nombre: Estados Unidos Telmexianos)

-Otra posibilidad es que con el millón de pesos un mexicano pudiera por fin saldar sus cuentas con Telmex o Telcel, y cambiarse a otra compañía telefónica. Slim caería en bancarrota y terminaría como uno de los señores que regalan papel sanitario en los baños del Sanborns. ¿Tú le darías propina?

miércoles, enero 16, 2008

Otro ejercicio Chimalesco

Alberto Chimal
ha propuesto un taller en su blog. El primer ejercicio era "imaginar a un personaje tan centrado en sí mismo que no tolera una conversación que no trate de él (o ella)" Y con base a eso, hacer que el personaje conteste cinco preguntas. Mi propuesta, que a continuación reproduzco, mereció este comentario del mismísimo Chimal.

1)—¿Viste que ya empezaron los aumentos de precios?
Híjole, sinceramente no. Es que ¿sabes? yo invierto en cetes pero de la bolsa de Nueva York. Y como siempre he vivido en base a la economía americana, a mí me afecta la recesión hipotecaria, no las crisis sexenales.

2)—El otro día vi que descubrieron un nuevo sistema solar. No sé cuántos planetas en no sé qué estrella.
Mi hija nació en el año que en pasó el cometa Halley. Mi esposa y yo lo calculamos muy bien. Incluso fuimos a Catemaco para que un brujo apadrinara a la bebé e incluso santificara su concepción. Hicimos el amor en su cabaña, a orillas del lago.

3)—Yo le dije: “Uno tiene que creer en algo, si no crees en nada
entonces ¿qué?”.
Dale mi número. Yo soy especialista en crisis de fe. Hace algunos años fui a un retiro espiritual cerca de Zamora, Michoacán. ¿Quién crees que había ido también, como semi-incógnito? Norberto Rivera. Había muerto su padre. No sabes cómo lloraba ante cualquier provocación. Sólo platicando con él, echándole porras, pudo salir adelante. Ahora míralo dónde está. Es él quien confiesa a mi familia, cada domingo en Catedral.

4)—Ese tipo es como Hitler. Alguien tendría que hacer algo. Tirarlo del poder, invadirlo.
¿Te das cuenta? Tú eres igual o más intolerante que él al decir eso. Si él es Hitler tú eres su Stalin. No, no, no. Yo creo que es más complejo, hay que cambiar desde abajo, como en todo cambio, toda revolución. Es bastante sencillo si se le ve así. Es lo que ha pasado en todos los procesos históricos del mundo moderno. Bueno, según lo que aprendí con Krauze en un diplomado que hice en el CIDE. Y ahí no admiten a cualquier pendejo, ¿eh?

5)—Tengo un tumor en un brazo. Como de este tamaño. Los doctores todavía no saben…
Yo no confío en los doctores. Mi esposa se quería operar la nariz. Que le quedara así, respingada. Pero no cambió mucho, bueno, no lo que yo esperaba. Yo también quería que se arreglara los ojos, para que no usara lentes, pero después de lo de la nariz le dije que así me gustaba. Después de todo, nos amamos, y como dijo el padre, “en las buenas y en las malas, hasta que la muerte nos separe”, ¿no crees?


viernes, enero 04, 2008



Iniciamos el año con las tres mil visitas alcanzadas y con un nuevo fracaso, o digámosle "diferencia de opiniones" en un concurso más. Esta vez en el blog de Alberto Chimal. Había que ponerle una minihistoria a la foto. Yo propuse cinco cuentitos. Aquí están. Feliz año.
1
Aquí se llenó una taza
y cada comensal
perdió su masa.
2
¡Sugar-diet sí funciona!
¡O pierdes el peso que tienes de más (todo), o te pagamos tu café!
3
- Señor subgerente…¡otra vez!
– Ay, Juancho. ¿Cuándo vas a aprender a no servirle a los clientes huidizos? Esto ya lo vas a tener que pagar tú, ¿entiendes? ¿Juancho? ¡Juancho!
4
El fantasma del ego se dio un baño de recuerdos, se espulgó uno que otro año y con un gran esfuerzo terminó de arreglarse frente al espejo.
A continuación se dirigió a la mesa, se sirvió una taza de café y preparó la cámara. “Sólo espero”, pensó, “que Chimal me escoja una buena historia”.
Clic.
5
Por más que lo intentó, no pudo evitar sentirse relegado de la farándula. “Era cuestión de tiempo”, le decían sus primos cada vez que se encontraban.
Sin trabajo, sin fama y sin vida social, el único placer que le quedaba a Gasparín era suicidarse cada mañana con sus clásicos en el videoreproductor y tres gotitas de cicuta en el café.